
Tras años de esfuerzo, constancia y superación, el joven karateca alhameño se convierte en el trigésimo primer cinturón negro formado por el Club Alhama-Ippon en sus 37 años de historia.
`Conseguir el cinturón negro en karate no es el final de un camino, sino el inicio de una nueva etapa. Así lo demuestra Alejandro Rubio Bastida, que acaba de alcanzar el ansiado Kuro Obi, convirtiéndose en el trigésimo primer alumno que logra esta graduación en los 37 años de trayectoria del Club Alhama-Ippon.
Detrás de este logro hay una larga trayectoria de trabajo y sacrificio. La media para alcanzar el cinturón negro ronda los ocho años de entrenamiento, un recorrido lleno de retos, altibajos y momentos en los que la constancia marca la diferencia. Son muchos más los alumnos que abandonan antes de llegar a esta meta, lo que convierte cada nuevo cinturón negro en un reconocimiento al esfuerzo y la perseverancia.

Alejandro comenzó como cualquier otro niño que llega al dojo de la mano de sus padres para practicar un deporte. Con el paso de los años, los entrenamientos se volvieron más exigentes y llegaron también las competiciones y los desplazamientos por distintas ciudades. Fruto de ese trabajo, fue cosechando numerosos éxitos deportivos hasta alcanzar ahora una de las metas más importantes en la formación de cualquier karateca.
Sin embargo, obtener el cinturón negro no significa haber terminado de aprender. A partir de este momento deberá perfeccionar su técnica, ampliar su conocimiento de nuevas katas y afrontar competiciones de un nivel superior, iniciando una etapa en la que el aprendizaje continúa con la misma intensidad.

Alhama-Ippon; una escuela de valores
Desde el Club Alhama-Ippon recuerdan que el cinturón negro representa mucho más que un grado técnico: "La cinta negra no es el final; es el comienzo de un nuevo camino."
Ver a un niño o a un joven portar un cinturón negro no significa que ya lo sepa todo. Significa que ha demostrado disciplina, respeto, constancia y la capacidad de levantarse después de cada caída. Cada entrenamiento, cada esfuerzo y cada reto superado contribuyen a formar no solo mejores deportistas, sino también mejores personas.
El club destaca que la verdadera fortaleza no reside en el color del cinturón, sino en el carácter que se forja día a día dentro del dojo, defendiendo que la disciplina y los valores que transmite el karate pueden marcar positivamente la vida de quienes lo practican.
Con la incorporación de Alejandro Rubio Bastida al grupo de cinturones negros, el Club Alhama-Ippon suma un nuevo ejemplo de que el esfuerzo, la paciencia y la dedicación siguen siendo el mejor camino para alcanzar cualquier meta.
*La noticia en Radio Alhama (i)*
Vídeo didáctico-narrativo


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