
También otras voces contribuyeron a conformar un mosaico plural, donde cada recitado aportó una mirada distinta que trasciende lo individual.
En ocasiones, la poesía encuentra su lugar lejos del ruido, en espacios donde la palabra se sostiene por sí misma y adquiere un peso especial. Allí, entre voces diversas, se alzan versos que nacen de la experiencia, de la memoria y de la emoción contenida.
El poema de Salvador Arias Jiménez, dedicado a la figura de la mujer y la maternidad, destaca por su tono íntimo y su construcción clásica, donde la ternura se convierte en eje vertebrador. Sus versos recorren con delicadeza el vínculo profundo entre madre e hijo, deteniéndose en los gestos cotidianos, en la entrega silenciosa y en la fortaleza que, muchas veces, pasa desapercibida.
No es un canto grandilocuente, sino una composición que apuesta por la cercanía: imágenes reconocibles, un lenguaje claro y una cadencia que invita a la escucha. En ese equilibrio reside buena parte de su eficacia.
Junto a este poema, otras voces contribuyeron a conformar un mosaico plural, donde cada recitado aportó una mirada distinta sobre la mujer, sus vivencias y su papel en distintos ámbitos. La suma de todas ellas construye un relato colectivo que trasciende lo individual.
Hay encuentros que, más allá de su visibilidad o difusión, cumplen una función esencial: mantener viva la palabra compartida. Y es precisamente en ese terreno donde propuestas como esta adquieren su verdadero sentido, recordándonos que la poesía sigue siendo un espacio de encuentro, de reconocimiento y de reflexión.

A ti, mujer y madre
No conozco mayor fortuna
que tu poder de engendrar vida,
dulce orgullo y noble hermosura,
caricia amada y tan querida...
Porque ser madre, amiga, mía,
es tu gozo y mayor ternura,
tu dolor, se torna alegría
brotando esa viva hermosura...
No hay gozo ni más fiel caricia,
más noble amor ni más sincero,
ni mirada más pura y limpia,
que el tierno abrazo y dulce beso...
Su huella, en hondos recuerdos,
se graba en tus dulces caricias
que guardará en su tierno pecho
de amor de ti, madre querida...
Y, en sus momentos de silencio,
cuando se hielan las sonrisas,
siempre eres, en su fuego, el leño,
aliviando tan triste herida...
Nunca rehuiste el cruel miedo,
de surcar tu mar, en tu vida,
como el más recio marinero,
soñaste el soplo de tu brisa,
que empujara tu vela al puerto...
Pese a tan cruel peligro, fiero,
tu noble lucha de heroína,
logró el más tierno de tus sueños
de tu alma tierna y noble guía...
Por tu amor, madre, yo te quiero,
por tu esfuerzo y fiel valentía,
enfrentándote, siempre, al miedo,
vida entregas, a tu familia...
Salvador Arias.
*La noticia en Radio Alhama (i)*


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