Diputación solicitará fondos FEDER para proyectos en 22 municipios afectados por la despoblación


Esto, parece una redundancia, porque tenemos la percepción de que felicidad e infancia, siempre van unidas, pero esto sólo es cierto, cuando se dispone de libertad y deseos y decisión de disfrutarla, aunque sea desde unas mínimas condiciones familiares y de subsistencia. Aunque a esa edad no se tenga consciencia de esa felicidad.

INFANCIA FELIZ (a Caye).

Qué felices fuimos en aquellos años 
en los que la magia nos tintineaba 
el cuerpo y el alma, con su puro encanto 
y le abríamos puertas desde bien temprano. 
Qué felices fuimos... ¡Y no lo sabíamos!

Qué felices fuimos en aquellas tardes, 
haciendo viajes desde aquel balcón 
volador y mágico con mi hermana Carmen, 
por tierras ignotas bañadas de sol.
Qué felices éramos... ¡Y no lo sabíamos!

Qué felices fuimos aquellos veranos, 
trillando en la parva y arrollando el rulo... 
y al caer la tarde, los escarabajos 
haciendo pelotas de "cacas" de mulos. 
Qué felices fuimos... ¡Y no lo sabíamos!

Y al llegar la noche, preparar la choza 
con las angarillas contra la garbera 
y estirar la manta que servía de colcha 
y de mies, "pañetas", como cabecera. 
Qué felices éramos... ¡Y no lo sabíamos! 

Qué felices fuimos en aquellos tiempos, 
durmiendo en la era y al amanecer, 
comer las cermeñas frescas como el hielo, 
del fértil cermeño de mi tío Miguel. 
Qué felices fuimos... ¡Y no lo sabíamos! 

Y en las claras noches de cielo estrellado, 
las constelaciones buscar de una en una, 
hasta que a la choza volvíamos helados, 
o arrasaba el cielo luminosa luna. 
Qué felices éramos... ¡Y no lo sabíamos!

Qué felices fuimos en tiempos de antaño, 
montando un caballo veloz como el viento, 
cuando aún no habíamos cumplido ocho años: 
se llamaba Tordo y era noble y bueno. 
Qué felices fuimos... ¡Y no lo sabíamos! 

Y un perro, Luciano, canelo, lobuno, 
que jugaba siempre a nuestro compás, 
y no hubo en el Llano, mientras, perro alguno, 
que frente pudiera hacerle, jamás. 
Qué felices éramos... ¡Y no lo sabíamos! 

Nos reíamos mucho, yendo hacia la escuela, 
cerrando ventanas que dejaba el dueño, 
porque ventilaran en el día, abiertas 
y en ello poníamos todo nuestro empeño. 
Qué felices fuimos... ¡Y no lo sabíamos! 

Y en los días de invierno, nevando en la calle, 
en la "camarilla del horno" jugábamos, 
a estar en la playa pasando la tarde, 
con mi amigo "Caye" y con sus hermanos. 
Qué felices éramos... ¡Y no lo sabíamos! 

El Día de Difuntos, pedíamos la "ureña" 
y luego, a la noche doblamos campanas 
y el día pasamos en dicha completa, 
comiendo rosquillas, dulces y castañas. 
Qué felices fuimos... ¡Y no lo sabíamos! 

En las navidades, la magia era plena, 
que es la Noche Buena y los Reyes Magos... 
¡y con vacaciones esos días, de escuela, 
disfrutando a tope juegos y regalos! 
Qué felices éramos... ¡Y no lo sabíamos! 

Y en Semana Santa, vacaciones nuevas...,   
viacrucis, parpuchas, oficios y rezos.
y  el Sábado Gloria, campana y cencerras, 
por todas las calles, celebrando a Cristo.
Qué felices fuimos... ¡Y no lo sabíamos!

Y así un día tras otro, sin pedir permiso,  
pasaban los años siendo muy felices, 
pues sólo la infancia es el Paraíso. 
"... Y para acostarnos, ¡comíamos perdices!"
Qué felices éramos... ¡Y no lo sabíamos!

Juanmiguel, Zafarraya.

 

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