Querido Alfonso


Leo que has firmado un manifiesto de apoyo al rey emérito.


 Y debo decir que no solo no me extraña si no que lo contrario en ti hubiera sido una indignidad y una felonía. Quien lo debe todo a la Transición y, por ello, a la parte que en ella tuvo Juan Carlos no puede hacer otra cosa que lo que has hecho.

 Me tomo la libertad de tutearte, no como falta de respeto si no en señal de cercanía con alguien con quien todavía puedo compartir algunas ideas y, sobre todo y especialmente, con alguien a quien puedo seguir respetando. Llega una edad, Alfonso, y nadie lo sabe mejor que tú, en la que comienzan a caerse los mitos, a romperse los ídolos y a morirse las vacas sagradas. Todavía puedo respetarte, dado que, al menos, has sabido retirarte, o semi retirarte con la sobriedad y elegancia que siempre te ha caracterizado y, por ejemplo, no conozco una sola foto tuya en un yate con una acompañante mucho más joven que tú. Que no tengo yo nada en contra ni de los yates ni de las acompañantes jóvenes. Pero hay una cierta forma de estar en el mundo en la cual esos lujos son un tanto obscenos. Pero, a fin de cuentas, mucho más obsceno es venderle armas a un dictador, como Pinochet. Supongo que coincides conmigo.

Sin la Transición no hubieras sido más que un librero sevillano experto en Machado (Antonio) y en Malher
 Pero, a lo que iba: De haberte manifestado en contra del abdicado rey me hubieras defraudado, y mucho. Sin la Transición no hubieras sido más que un librero sevillano experto en Machado (Antonio) y en Malher. Y, aquí entre nosotros, casi estoy seguro de que en más de una ocasión has lamentado dejar la librería para meterte en el berenjenal de la política. Ciertamente debemos al ciudadano Juan Carlos, ciudadano libre lo llama el ministro de justicia del gabinete social comunista, parte de la llegada de la democracia, o de algo que se le parece bastante, a España. Pero no mucho más que lo que le debemos a la CIA, a Santiago Carrillo, a Suárez, a Fraga y a todos los partidos que lucharon contra la dictadura, que, por cierto, uno de ellos no fue, precisamente el PSOE. La Transición fue una película coral y querer hacer a alguien, sea quien sea, figura principal me parece fuera de lugar, por mucho que haya que hablar de las pasadas glorias para tapar los actuales desaciertos, por utilizar una palabra suave.

Te reconozco, eso sí, el mérito de que en esa pareja ya no sé si cómica o trágica que fuisteis tú y Felipe, el papel de poli malo lo bordabas, dejando para el yerno del médico privado de Carrero Blanco el de encantador de serpientes y experto en seducciones, inolvidable su actuación la noche antes del referéndum OTAN, que convenció a la ciudadanía de que de entrada no, que luego ya veremos, que ya puestos va a ser que sí…

...creo, y honestamente debo decirlo, que el rey emérito no es un ciudadano cualquiera, como durante todo su reinado nos han recordado los medios de comunicación afines o no a la monarquía
 Naturalmente soy el primero en aceptar la presunción de inocencia de cualquier ciudadano; pero creo, y honestamente debo decirlo, que el rey emérito no es un ciudadano cualquiera, como durante todo su reinado nos han recordado los medios de comunicación afines o no a la monarquía. Que en ese caso todos navegaban en el mismo sentido aclamatorio de las bondades del “campechano”.

 En fin, Alfonso, no te aburro más contándote cosas que tú sabes de primera mano, y yo por el estudio de la historia reciente de España, o de lo que de esa historia se va contando poco a poco y que, tal vez, difiera un tanto de las versiones oficiales, los mitos y las leyendas. Que, hasta hace poco es lo que nos han estado contando.


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