
El caso de Elena/Eleno de Céspedes, nacida mujer en Alhama, vertebra 'Pecado nefando' (Edhasa) la novela de Olalla García que se presenta en las jornadas de Novela Jurídica el viernes 27 de marzo.
Estos pasados días, José Antonio Muñoz, publicaba en el diario IDEAL de Granada, una reseña sobre Elena/o de Céspedes, con motivo de la celebración de las V Jornadas de Novela Jurídica que organiza el Colegio de Abogados de Granada en su sede de la plaza de Santa Ana. Entre los participantes, destaca la presencia de la escritora y traductora madrileña Olalla García (1973), quien, tras publicar títulos como 'El taller de los libros prohibidos' (2018), contó la historia de la primera mujer que consiguió la separación matrimonial por malos tratos en 'La buena esposa' (2022) y ahora ha novelado la conocida historia del primer hombre transgénero de la historia de España, el alhameño Eleno de Céspedes, nacido como Elena en la población del Poniente Granadino. Su obra lleva por título 'Pecado nefando', y ha sido publicada por Ediciones Edhasa.
«Estoy feliz por contar esta historia donde se inició», asegura la autora. «Tras haber profundizado en la vida de Francisca de Pedraza, asistí a una conferencia sobre Céspedes que me impactó tanto que vi que era necesario contarla en una novela». Lo que más le impactó del personaje fue su capacidad para defender su identidad, más allá de lo que sus contemporáneos le decían o a lo que le habían predestinado. García recuerda que Elena nació mujer y esclava, hija de una africana, condenada al estrato más bajo de la sociedad. «Él quiso ser libre para ser quien era y vivir como quería, aunque ello supusiera poner en cuestión todos los dictados sociales del momento», dice. Y lo mejor es que durante mucho tiempo consiguió que los demás reconocieran en él a la misma persona que veía cuando se colocaba ante el espejo. El cambio fue primero un deseo y luego una determinación. Seguramente, no fue el único caso, pero sí fue el primero documentado, con el añadido de que tras casarse con una mujer, llevando su órdago hasta las últimas consecuencias, fue llevada ante la Inquisición, ante cuyo terrible tribunal defendió su causa sin éxito, siendo obligado a penitenciarse y siendo recluido en distintos hospitales, donde ejerció su labor con destreza, para desesperación de sus enemigos.
Lo profesional y lo personal
Pero Eleno fue mucho más que una persona transgénero; fue el primer cirujano de su condición, un profesional reconocido incluso por la corte de Felipe II. Llevó su ambición profesional, el acceder a una labor entonces reservada exclusivamente a los hombres, a la ambición personal de formar parte de una pareja con una mujer. Precisamente, fue el hecho de que pasara como hombre el examen que le habilitó para ejercer su profesión uno de los puntos claves para cimentar su defensa ante el tribunal. Hubo, sin embargo, otros aspectos en su contra, tales como el hecho de no tener barba, atributo por entonces inherente a la condición masculina.
El caso de Céspedes. Un juicio en la España de Cervantes
Por Olalla García
Presentado por José Luis Corral. viernes 27 de marzo de 2026

La Inquisición y el sexo: el caso de Elena de Céspedes
Por María Jesús Zamora Calvo
En la Ocaña de 1587 un rumor hizo saltar el escándalo sobre la verdadera identidad sexual de Eleno de Céspedes. Se dudaba si era hombre o mujer, lo que puso en entredicho la legalidad de su matrimonio con María del Caño. Tanto se murmuró al respecto que las autoridades de la zona decidieron investigar este caso en un proceso celebrado por el Tribunal del Santo Oficio de Toledo. Detuvieron a Céspedes acusándolo de sodomía, bigamia, hacerse pasar por hombre, burlarse del sacramento del matrimonio y tener pacto con el demonio. En la primera audiencia con el inculpado, este afirmó que fue bautizado como mujer en Alhama (Granada) y que nunca notó nada ajeno a su condición femenina. Incluso se casó, a instancia de sus padres, con Cristóbal de Lombardo cuando contaba unos dieciséis años. Pero...
...cuando esta parió como tiene dicho con la fuerza que puso en el parto se le rompió un pellejo que tenía sobre el caño de la orina y le salió una cabeza como medio dedo pulgar [...] que parecía en su hechura cabeza de miembro de hombre. El qual quando esta tenía deseo y alteración natural le salía como dicho tiene. (Proceso Inquisitorial de Elena o Eleno de Céspedes, Archivo Histórico Nacional de Madrid, Inquisición, Leg. 234, n.º 24., fol. III.7, declaración del 17 de julio de 1587).
Después de esta transexualización se sintió hombre, se desentendió de su hijo y empezó a sentirse atraída por mujeres como Ana de Albánchez, a la que un día «le vino gana de besarla y sin decirle cosa alguna la besó y espantada se dejó ella, esta le dijo que podría tener con ella cuenta como hombre» (fol. III.6v, declaración del 17 de julio de 1587). Un cirujano le liberó el pene por completo, decidió vestirse de hombre y adquirir plenamente su nueva identidad, llegando incluso a alistarse como soldado en las campañas contra los moriscos de Granada. Viajó por varias localidades andaluzas y manchegas, incluso en Madrid llegó a obtener el título de cirujano y sangrador. Se hizo llamar Céspedes y decidió casarse con María del Caño. Pero al solicitar la licencia matrimonial el Vicario de Madrid dudó sobre su naturaleza sexual, por lo que tuvo que pasar hasta tres exámenes realizados por distintos médicos. Ante esta situación ¿pudo hacer uso de sus conocimientos médicos para disimular la vagina con unos emplastos? ¿Consiguió atribuir la hendidura vaginal a las cicatrices producidas por una operación de hemorroides? ¿Logró burlar la revisión de médicos tan eminentes como Francisco Díaz y Antonio Mantilla? Pues parece ser que sí, porque obtuvo la autorización para casarse.
A lo largo de la audiencia Céspedes aseguró que sus genitales masculinos funcionaban con toda regularidad en cuanto a orina, poluciones y tamaño se refiere. Sin embargo, cuando el Tribunal le pidió que se los mostrara, confesó que sufría una enfermedad a causa de la cual «se le enmustió el dicho miembro volviéndosele como de esponja y esta la fue cortando poco a poco de manera que ha venido a quedar sin ello» (fol. I.45). De repente, su órgano sexual masculino había desaparecido a causa de un supuesto cáncer. ¿Cómo es posible esto? ¿A qué se debe esta repentina transexualización? A estas alturas el Tribunal comenzó a sospechar que todo se trataba de una falacia y que Céspedes nunca dejó de ser mujer. Pero entonces ¿cómo se explica que mantuviera relaciones sexuales plenas con su mujer tal y como esta declaró ante el Santo Oficio? Según Lisa Vollendorf, es probable que utilizara un juguete sexual para penetrar a María del Caño, un consolador realizado en madera.
Cuando el Tribunal de la Inquisición llamó a los dos médicos que examinaron a Céspedes para dictaminar si realmente era un varón, les pidió que de nuevo realizaran una inspección detallada de la encausada. La sorpresa saltó cuando descubrieron que no solo se trataba de una mujer con todos sus órganos, sino que incluso no quedaba la menor huella de haber sido anteriormente hombre; no encontraron ni cicatrices, ni señales de desprendimiento genital, ni signos de que la vagina hubiera estado alguna vez cerrada. ¿Cómo se explica este cambio fisiológico en un individuo? Obviamente, la mentalidad premoderna lo atribuyó a una clara intervención del demonio. El diablo cegó la vista de los médicos para que vieran lo que realmente no era. Valiéndose de su ilusionismo convirtió temporalmente un órgano sexual femenino en otro masculino. Finalmente el Santo Oficio de Toledo declaró que se trataba de un fraude, acusando a Elena de Céspedes de bigamia, porque aunque proclamó ante la audiencia que su marido había muerto, no se encontró certificado alguno que lo probara, por lo que la condena se fijó en doscientos azotes y diez años de trabajo forzado en un hospital.
En definitiva, Elena fue una mujer que llevada por su deseo de vivir de forma independiente y libre decidió hacerse pasar por varón. Esta determinación la llevó hasta sus últimas consecuencias: travistiéndose y actuando como hombre, ocultado por completo su feminidad, mostrando unos genitales masculinos tan bien fingidos que engañaron a varios médicos y, por último, casándose con María del Caño. Lo que más sorprende es cómo una mujer, de origen morisco y esclavo, sin educación formal, llegó a ejercer como cirujano. Es posible que ahí resida la clave por la que Elena creó su propia historia de cambio de sexo. Tal y como revela su biblioteca personal, supo todo lo relativo al dimorfismo sexual de su época. A través de estos libros pudo documentar y dar verosimilitud a la ficción de su identidad, es decir, usó dichos conocimientos en su favor y en contra de una sociedad que la relegaba por su condición de mujer a la pasividad, el esclavismo y la inevitable inexistencia.

Elena de Céspedes: ¿hermafroditismo o engaño?
José Luis Luna Ramírez
M.ª Aránzazu Luna Díaz
Céspedes — Elena y Eleno de
natural de Alama, esclava y después libre, casó con un hombre y tuvo un hijo; después y muerto su marido se vistió de hombre y estuvo en la Guerra de los Moriscos de Granada, se examinó de cirujano y se casó con una mujer: fue presa en Ocaña y llevada a la Inquisición donde se le acusa y condena por desprecio al Matrimonio y tener pacto con el Demonio.
Sentenciada a salir al Auto público de fe que se celebró en la Plaza del Zocodover de Toledo el domingo 18 de diciembre de 1588; al que salió en forma de penitente con coroza e insignias que manifestaban su delito; abjuró de leví; y se le dieron cien azotes por las calles públicas de Toledo y otros cien por las de Ciempozuelos; reclusión de diez años en un Hospital para que sirviese sin sueldo en las enfermerías.
(AHN: Inquisición, leg. 234 exp. 24, f. 1)
Así es como aparece resumido el caso de Elena o Eleno de Céspedes en el primer folio del expediente correspondiente al proceso de Auto de Fe de la Inquisición llevado a cabo contra ella por el Tribunal de Toledo entre los años 1587 y 1589.
A simple vista, del resumen se deduce sin más que se trataba de una mujer cuyo delito había sido el de vestir de hombre y de esa guisa trabajar como soldado, obtener el título de cirujano, (ambas dos, profesiones de hombre) y casarse con otra mujer, burlándose así de no pocas convenciones sociales, jurídicas y morales de la época. Pero, ¿qué es lo que justifica entonces la acción de «tener pacto con el Demonio» y un proceso tan largo en tiempo y forma que ha llamado la atención de infinidad de autores y que precisó de la intervención de varios médicos como testigos, incluido el médico y cirujano de Felipe II, Francisco Díaz? ¿A qué se debe esta dualidad de género al nombrar al procesado? El hecho de que a lo largo de todo el expediente el acusado aparezca nombrado como «Elena y Eleno», «Elena o Eleno», o bien «Elena, alias Eleno», nos da una pista de la razón de la singularidad de dicho proceso y de la cuestión principal de que trató, que al fin y al cabo no fue otra que la de determinar si el tal Céspedes era en realidad mujer, hombre o hermafrodita, como él mismo alegó en su defensa.
El presente trabajo no tiene como finalidad aportar ninguna conclusión al respecto (tarea de la cual, por otra parte, ya se han ocupado infinidad de autores pertenecientes a muy diversos ámbitos como el médico, jurídico o psicológico sin llegar a ninguna conclusión rotunda y que en definitiva se pueda tomar por única y válida), sino presentar un breve resumen del contenido del expediente para que quien lee pueda hacerse una idea general del caso y llegar a las suyas propias, así como hacer notar la importancia que los fondos documentales inquisitoriales han tenido en la trasmisión de informaciones sobre la historia y sociedad españolas en los diversos períodos históricos en los que la Inquisición ha llevado a cabo su labor. Algo bueno había que sacar, en fin, y aunque no sea más que a modo de consuelo, de semejante labor llena de connotaciones negativas en referencia al panorama de represión, delación y miedo que dicho Tribunal se encargó de instaurar en la sociedad de los siglos por los que atravesó su historia.
Localización y estructura del proceso
En efecto, los procesos inquisitoriales han sido muy fecundos generando documentación de la época en que han tenido lugar, no solo por lo vasto de sus contenidos, sino por el rigor con que fue requerida a funcionarios y fiscales de cada Tribunal la gestión de esa documentación, y así lo atestiguan las numerosas disposiciones promulgadas ya desde el s. xvi por inquisidores generales y órganos de gobierno del Santo Oficio, como la Instrucción de 1572 dictada por el inquisidor general Diego de Espinosa, por la que se estableció que unos documentos (los de más frecuente consulta como cartas, sentencias, provisiones, etc.) fuesen encuadernados y el resto, como actas originales de los procesos, se conservaran sin encuadernar, siendo esta la génesis, tal y como sostiene Juan Carlos Galende Díaz (2001), de la configuración de las dos series de fondos documentales que se conservan hoy en los archivos: el libro y el legajo.
A pesar de la mejor conservación de los documentos encuadernados en libros, muchos de los legajos se han transmitido en muy buen estado, como es el caso de este de Céspedes perteneciente a los fondos documentales del Tribunal de Toledo, que junto con los del de Valencia o Cuenca, han sido de los pocos documentos de tribunales locales que se han conservado íntegros, pues muchos de ellos desaparecieron (el de Valencia, por ejemplo, parece ser que se halló en manos de un fabricante de fuegos artificiales). Los del Tribunal de Toledo, tras pasar primero al Archivo de Alcalá de Henares y a la Delegación Provincial de Hacienda de Toledo, finalmente fueron a parar al Archivo Histórico Nacional (a partir de aquí citado como AHN en el presente trabajo), que sin ser el único archivo donde se conservan hoy documentos inquisitoriales, sí que es uno de los que cuenta con mayores fondos, pues todos los del Consejo de la Suprema, que tras la Guerra de la Independencia habían pasado al Archivo General de Simancas, acabaron en el AHN por Real Orden de 13 de junio de 1914 (Virgilio Pinto Crespo: 1993).
De manera general, podemos decir que todo expediente cuenta, como era común en la mayoría de procesos, con una primera fase de instrucción, muy extensa, que comienza con la presentación del caso, el 4 de Julio de 1587, al inquisidor de Toledo, Lope de Mendoza, la cual incluye formalmente la acción. El caso de Céspedes es singular ya desde el propio comienzo, pues más que una denuncia o delación en base a sospechas o conductas del acusado (diffamatio ), se trata de una acción en base a otra llevada a cabo previamente en el ámbito civil y, de hecho, Elena se encontraba ya presa en Ocaña y con un proceso civil instruido y casi terminado cuando el caso es requerido por la Inquisición a raíz de una carta del párroco de Ocaña, Francisco de Agro Ayllón, al Tribunal de la Inquisición, avisando de que los hechos podían ser concernientes al tribunal eclesiástico; no olvidemos que mediante los edictos de fe o sermones generales se imponía la obligación de denunciar al Santo Oficio cualquier indicio de herejía y se intimidaba bajo amenaza a todos aquellos que, conociendo la existencia de delitos perseguidos por el Tribunal, no lo pusiesen en conocimiento de la autoridad (Juan Carlos Galende Díaz, 2001). De manera que nos encontramos dentro del propio proceso eclesiástico con toda la documentación del proceso civil, más o menos entre los folios 1 y 40 del expediente (aun sin poder precisar exactamente a partir de qué folio comienza ya la instrucción propiamente dicha del tribunal inquisitorial, hemos tomado como referencia el folio 49 en el que aparece la solicitud formal de letrado y procurador para su defensa por parte de la propia Céspedes), y la documentación de este proceso civil constituye un extraordinario resumen de los motivos por los que Elena estaba a ser procesada, si bien hay algunos matices en los cargos que presenta la Inquisición que difieren de los que se presentan en este primer proceso laico.
Tras la acción, ocupan la mayor parte del expediente las acciones de instrucción relativas a las declaraciones de testigos, incluyendo las del propio acdo en el Discurso de su vida (una especie de declaración autobiográfica muy frecuente en multitud de procesos inquisitoriales, inducida por las propias preguntas del Tribunal, de la que se obtenía información concerniente a su nombre, origen, edad, familia, profesión y, en general, todos sus datos biográficos; el de Eleno puede leerse en el folio 108 y siguientes), declaraciones de médicos y matronas, vecinos, alguaciles, otros reos compañeros de prisión, la propia esposa de Céspedes, compañeros de profesión y una cantidad ingente, en fin, de testigos solicitados bien por parte del acusado como apoyo de su defensa, bien por parte del fiscal del Tribunal. Pero además, como los denunciados pasaban a lo largo de todo el proceso por diferentes audiencias y en cada una de ellas iban agregando o variando información de su vida con respecto a la dada en audiencias anteriores según iban apareciendo nuevas declaraciones de testigos que evidenciaban o desmentían las declaraciones iniciales, el grueso del expediente está dedicado a esta extensísima fase de instrucción; por último, llegando a la parte final del expediente y tras las alegaciones que presenta la acusada en los folios 76 y siguientes, aparecen las disposiciones y conclusiones del Tribunal en base a las cuales se dicta sentencia y condena (folios 125 y siguientes1).
Debido a limitaciones en la extensión y para facilitar una mejor comprensión, preferimos hacer una descripción del caso siguiendo el orden cronológico de la biografía de Céspedes, a tenor de los datos del expediente objeto del presente trabajo, que se conserva íntegro en el Archivo Histórico Nacional, en la unidad documental perteneciente al Tribunal de la Inquisición de Toledo, legajo 234, expediente 24.
Céspedes, Elena y (o) Eleno de
Nació en Alhama de Granada en torno a 1545, lo cual se deduce de la declaración de la propia Elena en el Discurso de su vida (todas las citas textuales del siguiente párrafo están incluidas en este discurso, que se puede leer a partir del folio 108), donde dice tener cuarenta o cuarenta y dos años en el momento de su declaración (sabemos que el proceso se inicia en julio de 1587, por lo que de la resta se deduce esta fecha aproximada); la criatura es bautizada como niña, de ascendencia mestiza, hija de la esclava Francisca de Medina, descrita en el expediente unas veces como negra y otras como morena, que servía en casa del comerciante Benito Medina (apellido que toman la madre y un hermano de Elena, como era habitual en la época para indicar a qué casa pertenecían) y dice que nació como esclava: «…en casa de Benito de Medina su amo de su madre desta y que esta nació esclava…», aunque, sin precisar cuándo, dice así mismo haber sido liberada: «…su amo le dixo que era libre y con él se crio hasta ser de la edad de ocho o diez años».
Con poca más edad, marcha a casa de «una hija de su amo, que se llamava Ana daça en Vélez Málaga y esta se fue con ella y la sirvió como dos años», después de los cuales regresa a Alhama y pasa al servicio de la mujer de su amo, Elena Céspedes, nombre del cual prefiere tomar Elena el suyo, tal y como declara: «…en cuya contemplación hacia ella se hacia llamar esta asi».
Tras la muerte de la mujer de su amo, encontramos a Elena aprendiendo el oficio de calcetera o tejedora y viviendo con su madre (posiblemente también liberada) y el hombre con el que esta se había casado y a quien ella nombra como su padre, un labrador de Alhama llamado Pedro Hernández, si bien muchos autores dudan de la paternidad de este y consideran como más probable que el padre fuera su amo, siendo este uno de los motivos por los que se le concedió la libertad a Elena, pues muchos de los hijos nacidos de esclavas solían constituir el desenlace de la explotación sexual por parte de los amos u otros hombres de la casa, práctica habitual en la época (Aurelia Martín Casares, 2000).
A la edad de 15 años la casan con un albañil de Jaén llamado Cristóbal Lombardo, con el que solo convivió unos meses y fruto del cual Elena dio a luz a un niño: «…y porquesta se llevava mal con él se ausentó y se fue, quedando esta preñada y estuvo en Alama en casa de Gaspar de Belmar», al cual abandona en casa de una familia de Sevilla después de la muerte de su madre, no sabemos si por la imposibilidad de criarlo en sus circunstancias (pensemos en la dificultad que supondría en aquella época para una mujer sola, de ascendencia mestiza y nacida esclava) o por el escaso lazo afectivo que la unía a un niño que bien podía haber sido fruto de una relación forzada y desagradable para ella, que ya empezaba a sentir síntomas de una incertidumbre en relación a su género no solo en su aspecto, pues como ella misma declara y parece ser cierto, después de esto, Elena jamás volverá a mantener relaciones sexuales con un hombre.
Así comienza la joven Elena (o ya habría aquí que hablar del joven Eleno, pues él mismo sitúa en este momento la supuesta aparición de su miembro viril y condición masculina, debido al esfuerzo del parto), una vida itinerante en la que destacan dos aspectos: el primero, su exclusiva inclinación sexual por las mujeres, con un historial extenso de relaciones más o menos esporádicas; el segundo, una obstinación incansable por encontrar un espacio de autonomía, negándose a quedar relegada a su posición social de mujer y con antigua condición de esclava, para lo cual aprende y desempeña multitud de empleos con que poder ir alcanzando una mejor posición social o, al menos, mantenerse fuera de la marginalidad a la que parecía estar abocada por sus circunstancias personales (servicio doméstico, prostitución, delincuencia…) adoptando una fluctuación continua de género, tanto en la vestimenta como en los trabajos desempeñados, tal y como aparece escrito en forma de anotaciones al margen en los folios 108 y siguientes, donde se puede leer, en este orden: «texedera, calcetera, sastre y calcetero, tomó ábito de hombre, labrador, pastor, tornó a tomar ábito de mujer, tornó a tomar ábito de hombre, soldado, volvió a ser sastre, otra vez soldado, y por último, zurujano (cirujano)». Nos interesan aquí especialmente los trabajos de soldado y cirujano: el primero por estar relacionado con el desencadenante del arresto de Eleno en Ocaña, que, como hemos visto, acaba desembocando en el proceso inquisitorial, y el segundo por la relevancia que adquiere en el posterior desarrollo de su vida y en el proceso mismo, pues Elena sabe leer y escribir y cuenta, tal y como se detalla en la relación de bienes confiscados (folios 66 y 82), con «veynte y siete cuerpos de libros grandes y pequeños» (acopio que en la época no tenía cualquiera, y menos alguien de su condición social), entre los que había obras «de ciencia y medicina en Romance y en latín» de Aristóteles, Cicerón, Vesalio o Galeno, entre otros, cuyos contenidos sirvieron a Elena para preparar su defensa ante la Inquisición, apelando a su naturaleza de hermafrodita.
En 1575 adopta definitivamente el nombre de Eleno de Céspedes y se traslada a Madrid, donde «tomó amistad con un balenciano zurujano» (Eleno nunca dijo su nombre, deliberadamente para evitar su implicación ante el Tribunal).
[…] y le llevó a su casa por güésped y començó a dar a esta liciones de curar, y como esta aprendió bien, dentro de pocos días curaba tan bien como el dicho zurujano, y como esta vio que aquel officio le era de provecho, dejó del todo el oficio de sastre y comenzó a husar el de cirujía y estava en el hospital de la Corte asistiendo y praticando en él tres años al cabo de los quales fue esta al escurial a curar a Obregón quera un criado de su magestad.
(AHN: INQUISICIÓN, leg. 234, exp. 24, f. 110)
Debía de dársele bien el oficio, pues se encuentra en estos años en El Escorial para curar a Obregón, (posiblemente Vicente Obregón, uno de los maestros de cantería y albañilería más importantes de las obras del monasterio, en construcción por estas fechas). Sin embargo, allí se le acusa de intrusismo, por lo que Eleno se presenta ante el tribunal calificador de Madrid y supera las pruebas solicitadas para ingresar en los gremios o cofradías de las ciudades donde estas estaban constituidas, en este caso concreto, el examen de Protomedicato. Obtiene dos titulaciones, la de cirujano y la licencia para poder «sangrar y purgar», convirtiéndose así en la primera —¿mujer?— cirujano de España y de Europa.
Tras ejercer por varias ciudades y villas de la zona como cirujano (Pinto, Valdemoro, Yepes, Aranjuez), «por una pesadumbre» cae Eleno enfermo en Ciempozuelos y es en la casa de una familia de esta localidad, que lo acoge como huésped y lo cuida, donde se enamora de la hija, María del Caño, a la cual dobla la edad y a cuyos padres pide «por mujer y ellos dixenron que si estaba de dios quello se haría».
Céspedes se presenta ante el vicario de Madrid para que le sea concedida la licencia de matrimonio y poder así publicar las amonestaciones que se requerían, pero su aspecto andrógino levanta sospechas ante el vicario de Madrid, quien
viendo a esta sin barba y limpia la dixo que si hera capón y esta respondio que no que la mirasen y verían como no hera para lo qual llevaron a esta a una casa allí cerca y tres hombres o quatro miraron a esta por delante y porque nunca esta consintió que la mirasen por detrás porque no viesen la natura desta de mujer […] dijeron habiendo visto a esta que hera hombre y que no hera capon y el dicho vicario dio licencia a esta para que se amonestase.
(AHN: INQUISICIÓN, leg. 234, exp. 24, folio 23v).
Consigue Eleno la licencia, pero al publicar las amonestaciones en la iglesia de Ciempozuelos, aparece ante el vicario una tal Isabel Ortiz, viuda y con dos hijos, que se oponía a la boda por haberle sido hecha con anterioridad a ella la promesa de matrimonio por parte de Eleno, y porque «había además otros impedimentos pues era cosa pública y conocida que Elena hera macho y hembra».
El vicario de Madrid dicta auto entonces para que Céspedes sea de nuevo examinado, pero esta vez por dos médicos de renombre en la corte y así, el 17 de febrero de 1586, los doctores Francisco Díaz, médico y cirujano de cámara del rey Felipe II, especializado en afecciones génito-urinarias, y el doctor Antonio Mantilla realizan una exploración a Eleno de Céspedes; tras declararlo varón (f. 25v), la joven María del Caño y Eleno de Céspedes contraen matrimonio in facie ecclesiae, es decir, cumpliendo todos los preceptos que mandaba la Iglesia católica, en la villa de Yepes. Desde allí, después de poco más de un año, la pareja se traslada a Ocaña por motivos laborales pues, según dice el propio Eleno, no había cirujano en esta villa. Cuando todo parece ir viento en popa, las cosas se tuercen y un alguacil de la villa de Ocaña, un tal Ortega, reconoce al Eleno soldado junto al cual había participado en la guerra de Granada contra los moriscos y lo denuncia ante Martín Jufre de Loaysa, gobernador de Castilla en el distrito de Ocaña:
[…] dixo que denunciaba e denunció de Eleno de Céspedes estante en esta villa porque el susodicho siendo mujer anda en ábito de onbre por esta villa contra las premáticas y leyes destos Reynos y so color de andar en ávito de onbre está casado con María del Cano su mujer sin ser onbre.
(AHN: INQUISICIÓN, leg. 234, exp. 24).
El proceso: un relato pornográfico
Eleno es arrestado y se inicia un proceso civil que, como se ha comentado, acaba pasando al Tribunal de la Inquisición. Comienza en este punto un relato casi pornográfico con todo lujo de detalles sobre la morfología de los genitales de Elena (alterados por ella misma con la ayuda de ungüentos y cirugía) y sobre sus prácticas sexuales, en el cual no nos queremos detener demasiado, salvo para explicar un asunto significativo: hay un giro importante en el proceso por el cual se pasa de unas acciones referidas a vestir el hábito masculino (que no estaba permitido en la época) y, mucho más grave, sodomía (el pecado nefando cuya pena había quedado especificada por los Reyes Católicos desde 1497: quema en la hoguera y confiscación de bienes), a una preocupación primordial por demostrar que Eleno es mujer y no hermafrodita, como sostiene en su defensa hasta el final del proceso, acusándola así de lo siguiente:
El licenciado soto cameno, fiscal deste santo officio… acusó criminalmente a Elena de Céspedes… por hereje, appóstata de ¿noça? santa fe cattólica y ley evangélica, o al menos por muy sospechosa de serlo, excomulgada, perjura mujer, que siente mal de los sacramentos y en espeçial del matrimonio y en oprobio y menosprecio dél como emycadora, enbustidera, con ynbenciones y enbelecos a hecho y cometido lo siguiente […]
(AHN: INQUISICIÓN, leg. 234, exp. 24, f. 121).
Parece que al Santo Oficio no le resultan tan importantes sus prácticas sexuales como el hecho de que, siendo mujer y no hermafrodita, hubiera podido mostrar en los primeros exámenes miembro viril y testículos, atributos que en los posteriores exámenes llevados a cabo por médicos de la Inquisición ya no tenía, lo cual (en base al testimonio de los primeros médicos que, llamados a declarar de nuevo, bien por miedo, bien por temor a ser tachados de negligentes, se retractaron de su primera declaración), tenía que haber sido llevado a cabo con artificio y mediación del Demonio:
[…] parezco y digo que en el pleito que trato con Elena de Céspedes, presa en esta inquisición, demás y allende de lo previo y pasado demostrado, la acuso de que ha tenido y tiene pacto tácito o expreso con el diablo, porque siendo como es la susodicha mujer y habiéndolo sido siempre, sin ser posible naturalmente el haber tenido miembro viril, la susodicha con favor y ayuda del demonio hizo demostración de tenerlo para efecto de casarse con otra mujer como ella, en menosprecio del sacramento del matrimonio.
(AHN: INQUISICIÓN, leg. 234, exp. 24, f. 121).
Hay que decir que lo más seguro es que, tal como sostiene Maganto Pavón (2007), el verdadero artificio lo llevara a cabo la propia Elena, valiéndose de sus conocimientos de cirugía y del tiempo suficiente para prepararlo antes del primer examen solicitado por el vicario para darle licencia de matrimonio, tiempo y oportunidad con que no contaba estando encerrada en la cárcel del Tribunal del Santo Oficio.
Sin embargo, el expediente no nos permite sacar conclusión definitiva al respecto, pues si bien los médicos del Tribunal defienden con un exhaustivo rigor médico la inexistencia presente de miembro viril y la improbabilidad de su existencia anterior (f. 118 y siguientes), también Elena porfía con argumentos médicos en la existencia de sus atributos de hombre, cuya desaparición justifica diciendo que lo tenía cuando se casó y que la causa de no tenerlo en ese momento se debía a una tumoración por andar a caballo que la obligó, en prevención de infección y males mayores para su salud, a tener ella misma que irlo cortando poco a poco en la cárcel gracias a sus conocimientos de cirugía (f. 113, 128) y, de esta manera, insiste durante todo el proceso en su condición de hermafrodita:
[…] porque yo con pacto expresso e tácito de demonio, nunca me fingí hombre para casarme con muger como se me pretende imputar, e lo que pasa es que como en este mundo muchas veces se han visto personas que son andróginos, que por otro nombre se llaman hermafroditos que tienen entrambos sexos, yo también e sido uno de estos y al tiempo que me pretendí casar nicalecía e prevalecía más en el sexo masculino e naturalmente era hombre, e tenía todo lo necesario de hombre para poderme casar (…) porque yo naturalmente e sido hombre y mujer y aunque esto sea cosa prodigiosa y rara, que pocas veces se ve, pero no son contra naturaleza los hermafroditos como yo lo he sido.
(AHN: INQUISICIÓN, leg. 234, exp. 24).
Sentencia final
Para su desdicha, Elena no consigue convencer al Tribunal, que a finales del año 1588, dicta sentencia firmada por el doctor Lope de Mendoza, inquisidor de Toledo:
[…] habiendo comunicado con su letrado y hechas las diligencias que avía pedido, con su acuerdo y parecer concluyo para sentencia diffinitiva… y así mandamos que en pena de sus delitos para que a ella sea castigo y a otros ejemplo… salga al presente auto de la fee en forma de penitente con coroça y insignias que manifiasten su delito, donde se la lea esta sentencia y abjure de levi, y otro día se la den cien açotes por las calles públicas desta ciudad y otros ciento por las de la villa de cienpozuelos en la forma acostubrada donde también se le torne a leer esta sentencia en la iglesia parroquial de la dicha villa un día de domingo o fiesta y esta recluya por diez años en el hospital que por nos le sea señalado para que sirva sin sueldo en las enfermerías dél, lo cual todo haga y cumpla sopena de ser castigada con todo rigor […].
(AHN: INQUISICIÓN, leg. 234, exp. 24, f. 183).
La sentencia parece que fue ejecutada, pues en el folio 190 y siguientes encontramos dos documentos donde se habla del castigo físico impuesto a Elena y se menciona a testigos del mismo, tanto en Toledo como en Ciempozuelos, y en el folio 192, cerrando ya el expediente, encontramos una curiosa carta del hospital donde cumplía los diez años de condena dirigida al Tribunal, solicitando el traslado del reo a otro hospital debido al gran estorbo y revuelo que causaba la popularidad de Elena, a quien acudían muchas gentes, suponemos que motivadas por la curiosidad o la superchería que un hermafrodita despertaría en el imaginario colectivo de una sociedad dominada aún en muchos aspectos por la superstición.
A pesar de la popularidad del caso, no sabemos cómo pasó Elena esos años, si es que sobrevivió a ellos, pues parece no quedar testimonio alguno de su vida a partir de este momento, ni tampoco del lugar, fecha y causas de su muerte.
Nos quedan, pues, algunas incógnitas que la lectura del expediente no puede despejar: ¿por qué el caso no acabó en hoguera, como muchos otros en los que había de por medio pacto con el demonio, bigamia y sodomía? Tal vez pudieron ayudar a ello los posibles contactos de su época en la corte, o el hecho de que Eleno declarase varias veces durante el proceso que precisamente y sintiéndose hombre, quiso casarse para estar en servicio de Dios, después de una vida dispersa y promiscua. Pero nos inclinamos por pensar que más bien tuvo que ver con la gran duda que planea sobre todo el expediente: ¿fue Céspedes una mujer que se negó a aceptar su condición social y jurídica de mujer, un transexual que se sentía hombre o ciertamente un hermafrodita? Quizás, a pesar de la sentencia desfavorable, la misma Inquisición nunca lo llegaría a tener del todo claro, a tenor de la presentación del caso en el primer folio del expediente, que abre y cierra este trabajo y que reza así: CÉSPEDES, ELENA Y ELENO DE
Bibliografía
- Aguilera Marchet, Bruno (1993): «La estructura del procedimiento inquisitorial: el procedimiento de la Inquisición española» dentro de Pérez Villanueva, Joaquín & Bartolomé Escandell Bonet (Dir.): Historia de la Inquisición en España y América, Vol. II: Las estructuras del Santo Oficio, Madrid: Editorial Biblioteca de Autores Cristianos, 1993, pp. 334.342.
- Archivo Histórico Nacional: Inquisición, «Proceso de fe de Elena de Céspedes», dentro de la unidad documental Tribunal de la Inquisición de Toledo, Legajo 234, expediente 24.
- Galende Díaz, Juan Carlos (2001): «El proceso inquisitorial a través de su documentación. Estudio diplomático», en Espacio, tiempo y forma, serie IV, H.ª Moderna, t. 14, pp. 491-517.
- Maganto Pavón, Emilio (2007): «La intervención del Dr. Francisco Díaz en el proceso inquisitorial contra Elena/o de Céspedes, una cirujana transexual condenada por la Inquisición de Toledo en 1587», en Archivos Españoles de Urología, vol. 60, n.º 8, 2007.
- Martín Casares, Aurelia (2000): La esclavitud en la Granada del siglo xvi: género, raza y religión, Granada: Universidad de Granada.
- Pinto Crespo, Virgilio (1982): «La documentación inquisitorial» en La Inquisición (Madrid: Ministerio de Cultura, 1982) pp. 93-94.

Biografía
Si te pasas un día por Alhama de Granada, verás una placa conmemorativa.
En ella se recoge la historia de Elen(a)o de Céspedes, cirujane afrodescendiente y persona esclavizadaque nació en 1545 y que sirvió de inspiración a Cervantes para el personaje de “La Bruja Zenotia” en su obra “Persiles y Segismunda”.
Pasar de ser una persona esclavizada a convertirse en uno de los profesionales más demandados de su época fue solo una de las transgresiones sociales llevadas a cabo por Céspedes, de la que casi todo lo que sabemos procede de las más de 300 páginas de su proceso inquisitorial.
Aquí os contamos solamente un fragmento de la vida de este personaje fascinante de la historia de España.
Infancia y Juventud
Cuenta la historia que Elena de Céspedes nació alrededor del año 1545 en Alhama de Granada durante el reinado de Felipe II y la etapa histórica conocida como Renacimiento.
Su madre era una mujer esclavizada negra-mora llamada Francisca Medina que compró su padre, Benito Medina, para servir en la casa.
No es casualidad que Elena fuera hija de una persona esclavizada. Es a partir del siglo XV cuando la proporción de africanos en España aumenta exponencialmente, al convertirse la península en uno de los principales centros esclavistas de Europa. En Sevilla, por ejemplo, se calcula que a mediados del siglo XVI la población negra ascendía a un 10% del total.
Elena tomaría el nombre de la esposa de su padre, Elena de Céspedes. Se dice que fue liberada con ocho años.
Tenía dieciséis primaveras cuando fue casada a un albañil de Jaén, Cristóbal de Lombardo. Dicen que el matrimonio no fue feliz. A los pocos meses, estando ya embarazada, el matrimonio se rompió, el marido huyó y retornó a su casa en Jaén. Elena, mujer afro y además embarazada, marchó a servir a una familia acomodada en Sevilla, donde dio a luz a su hijo. Un embarazo que fue usado posteriormente como “prueba” de su “condición de mujer”.
A la edad de 19 años Elena tomó la determinación de cambiar su vida y expresar con mayor libertad su identidad. Dio a su hijo en adopción a un panadero de Sevilla y empezó su periplo por España. En Sanlúcar de Barrameda tuvo su primera pareja y en Arcos de la Frontera empezó a vestir como hombre. Cambiaba cada poco su residencia para evitar las murmuraciones y seguir en el anonimato. Cambiaba de lugar, pues sabía que los vecinos estaban obligados a denunciar a la Inquisición. Su condición de mujer afro como persona esclavizada, (aunque posteriormente liberada), le obligaba a ser muy discreta. No olvidemos que las personas afro en España no gozaban de total libertad y siempre estaban muy expuestas a ser encarceladas o volver a ser esclavizadas.
Se dice que aprendió la profesión de tejer y en 1564 comenzó a servir en la casa del Tesorero de la Capilla Real. Allí conoció a Juan de Sessa, a quien también se le llamaba Juan Latino, un afroandaluz poeta y humanista del Renacimiento de gran prestigio en la época al que se conoce como la primera persona negra (ex-esclavizada) que alcanzó una Cátedra.
Sin duda, este referente marcó en Céspedes un antes y un después en su trayectoria vital por sus semejanzas con sus propias raíces ya que Sessa, al igual que Céspedes, había sido esclavo y era de origen africano. Fue bajo esta complicidad y compañía, según algunas fuentes, cuando Céspedes amplió sus estudios y se formó como sastre. Una profesión reservada en aquel siglo a los hombres.
Es en 1568, a la edad de 23 años, al estallar la revuelta de los moriscos de las Alpujarras, Céspedes decide combatir como soldado contra los moriscos y en 1571, a los 26 años, Céspedes se traslada a Madrid ya como Eleno.
En la ciudad entra en contacto con el cirujano Juan Fragoso y comienza a trabajar en un Hospital de la Corte como su ayudante. Lo hace también de manera ambulante por los pueblos de alrededor empezando a amasar ya cierto prestigio por su trabajo, para obtener finalmente en Cuenca, su licencia profesional.
Es como poco sorprendente, que Céspedes tuviera en su haber libros de cirugía, tuviera conocimientos del latín y aprobara con relativa celeridad aquellos exámenes cuando no había recibido educación formal en su vida.
MADUREZ
Sobre 1585, ya con 40 años, conoció a María del Caño con quien se casaría y tendría una vida feliz hasta que fue denunciado.
Cuando manifestó su deseo de casarse, el vicario de Madrid (Neroni) solicitó un certificado de masculinidad y un examen de sexo a Céspedes, algo en apariencia relativamente común en la época para evitar posibles matrimonios bígamos y para verificar la posibilidad del hombre de poder engendrar hijos (el fin último del santo sacramento).
El médico y cirujano del rey Felipe II, Francisco Díaz de Alcalá, un prestigioso doctor y autor del primer tratado de urología del mundo, examinó a Eleno y confirmó que era varón.
¿Pero cómo pudo Eleno conseguir el certificado de masculinidad habiendo nacido mujer?
Según Ignacio Ruiz, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y coautor del libro “Elena o Eleno de Céspedes”:
«Se hizo una automutilación gracias a sus conocimientos de cirugía y a la ayuda de una curandera morisca: disimuló los pechos con vendajes compresivos y se obturó la vagina usando elementos cáusticos, hasta el punto de que nadie conseguía encontrarla».
Otras fuentes apuntan a que además usaría un miembro postizo extirpado de un cadáver, para emular los genitales masculinos.
Todos los documentos registran que su carrera fue extensa y prestigiosa. Puede que la envidia profesional de algunos fuera el detonante para que Céspedes fuera finalmente llevado ante la Inquisición, pues recordemos que el santo oficio era usado por las gentes de la época para ejecutar sus propias venganzas y rencillas personales.
PROCESAMIENTO INQUISITORIAL
Llevaba más de un año de casado cuando un conocido le denunció por estar casado “con una mujer sin ser hombre”.
Fue llevado ante la Inquisición por varias transgresiones. La primera la usurpación del vestido masculino y la segunda (más grave) haberse casado con otra mujer.
Encarcelado en Ocaña, no pudo alterar sus genitales convenientemente y se demostró que “ni tiene señal ni miembro de varón, ni lo había tenido, sino solamente de mujer y en su angostura muestra ser mujer”.
A pesar de sus múltiples alegaciones de defensa (aseverando que era hermafrodita), Céspedes fue declarado culpable de sodomía, bigamia, perjurio y burla del sacramento del matrimonio.
El proceso concluyó el 19 de noviembre de 1587. Céspedes se tuvo que enfrentar a una sentencia con desnudo público, 200 azotes y la imposición de llevar el sambenito (capirote y paseo público en burro).
¿Su condena posterior? Obligación de “ser mujer” con todas las consecuencias y prestar sus saberes cirujanos gratuitamente en diferentes hospitales. Su reconocimiento profesional y su fama después del juicio fue tal que la gente hacía peregrinaje allá donde era destinado.
Finalmente, su rastro se perdió. Existe la posibilidad de que emigrara a Lima, Perú.
Hay fuentes que indican que allí vivió bajo el nombre de Francisco del Corral.
Pero eso…ya es otra historia.

{1} El portador desta es presona muy onrrada
{2} solo por me hazer buena obra atomado trabaj[roto]
{3} El otro dia Enbie a Vm mi rropilla por la grande
{4} me se çidadad de dineros que yo te nia para q<ue> jun
{5}ta mente con las cal sas se ben diesen o en pe
{6}ña sen guar dan do me la bieja dixome El portado[roto]
{7} que ca be ça no a bia da do na da ni que ria no me haga
{8} tanto que lo diga que sacar selo an peusbe quan
{9} bien ser bido lo tengo i es rraçon si otra cosa no se puede
{10} cobrar la rropilla que lle bo el on bre del otro dia la
{11} mia nuba sera bien da da al portador de alosico
{12} pe di no me rrespon dio na da de oca ña su ser bidor de
{13} v. m.
{14} Eleno de
{15} çespedes
Se puede leer mejor en esta versión regularizada:
{1} El portador d’esta es presona muy onrada; {2} solo por me hazer buena obra á tomado trabajo. {3} El otro día embié a VM mi ropilla por la grande {4} nesecidad de dineros que yo tenía para que jun{5}tamente con las calsas se bendiesen o empe{6}ñasen, guardándome la bieja. Díxome el portador {7} que Cabeça no abía dado nada ni quería. No me haga {8} tanto que lo diga, que sacárselo an, pues be cuán {9} bien serbido lo tengo, y es raçón si otra cosa no se puede {10} cobrar. La ropilla que llebó el ombre del otro día, la {11} mía nueba, será bien dada al portador. De Alonsico {12} pedí, no me respondió nada. De Ocaña su serbidor de {13} V. M. {14} Eleno de {15} Céspedes
Las características gráficas de este documento son muy interesantes. Por una parte, algunos rasgos muestran una habilidad relativamente escasa en la escritura. Por ejemplo, parece que tiene dificultades en reproducir algunos diptongos, como nueba o pues (puede leerse: peus be y mia nuba):
*La noticia en Radio Alhama (i)*


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